El triángulo de la inversión: rentabilidad, riesgo y liquidez

Ahorrar e invertir parte del dinero que ganamos cada mes es fundamental para tener una seguridad financiera con la que vivir tranquilo en el futuro.

Son muchos y variados los objetivos que podemos conseguir con la inversión de nuestro dinero: jubilarnos antes, ahorrar dinero para vacaciones, comprar una segunda vivienda…

En función del objetivo y el plazo que te propongas, tendrás que optar por una clase de activos u otros.

A la hora de invertir en un activo debes tener en cuenta tres aspectos fundamentales: la rentabilidad esperada, el riesgo y la liquidez. Es a lo que llamamos el triángulo de la inversión.

el triángulo de la inversión

La rentabilidad esperada es el rendimiento que se espera ganar al poner el dinero en un activo. Es la ganancia que se espera que obtengas. Hay determinados activos que ofrecen una rentabilidad fija, como los bonos, mientras que hay otra clase de activos que tienen una rentabilidad incierta, como las acciones.

El riesgo es la incertidumbre de conseguir esa rentabilidad esperada. O lo que es lo mismo, las posibles variaciones que pueden ocurrir para que ese activo consiga o no ese rendimiento.

Y la liquidez es la facilidad que tienes en convertir ese activo en dinero. Es decir, la accesibilidad que tienes de poder vender ese activo en el mercado.

Riesgo no es igual a volatilidad

El elemento del triángulo de las inversiones que suele generar más problemas de entender es el riesgo.

Riesgo no es igual a volatilidad. Es decir, un activo que fluctúa mucho no tiene por qué ser una activo más arriesgado que uno que apenas se mueve.

Debemos entender el riesgo como la posibilidad de que ese activo tenga más opciones de perder su valor que otro.

Por ejemplo, aunque la bolsa tenga bastantes fluctuaciones de un día para otro, o incluso dentro del mismo día, no quiere decir que sea más arriesgado que unos bonos de poca calidad crediticia, que se mueven menos.

Lo importante es que a largo plazo, esos movimientos del mercado vayan al alza.

El largo plazo es un elemento clave a la hora de invertir. Porque si tienes puestas tus miras en el corto plazo, entonces sí que te afectarán las variaciones del mercado. Pero si tu horizonte temporal está situado de aquí a varios años, esas fluctuaciones que estén ocurriendo ahora no te afectarán.

Lo mejor que puedes hacer en ese caso es no mirar al mercado todos los días. Míralo cada semana o cada mes para ver como va evolucionado. Pero no tomes decisiones conforme al comportamiento del mercado en un día. Suelen ser decisiones precipitadas de las que luego te arrepientes.

¿Existe el activo ideal?

Teniendo en cuenta estas tres variables, el activo ideal es aquel que te aporta una rentabilidad alta, bajo riesgo, y que sea muy líquido.

Por desgracia, no existe el activo perfecto. De lo contrario, todo el mundo invertiría en el mismo tipo de activo. Por lo que los mejores activos son aquellos que reúnen dos de las tres características mencionadas.

A continuación, vemos ejemplos de activos que reúnen dos de los tres atributos.

Alta rentabilidad y liquidez

Las acciones individuales tienen una rentabilidad esperada alta y son muy líquidas, pero el riesgo también es alto. Todo dependerá de las empresas en las que invirtamos y el plazo en que queramos recuperar nuestro dinero.

Si tenemos un horizonte temporal de más de tres años, el riesgo disminuye, ya que a largo plazo las fluctuaciones de la bolsa tienden a corregirse. Es decir, que si una empresa es mala al final su precio acabará bajando, y si es buena, terminará subiendo.

Además, no todas las acciones son igual de líquidas. Las acciones de empresas pequeñas que operan en mercados menos accesibles pueden tener dificultad para convertirse en dinero, sobretodo si poseemos muchas.

Liquidez y bajo riesgo

Los fondos indexados son también muy líquidos y tienen mucho menos riesgo que una acción individual, pero su rentabilidad esperada es menor. Ojo, estamos hablando de rentabilidad esperada, no de rentabilidad efectiva. Es factible que un fondo te aporte más rentabilidad que una sola acción.

Tienen menos riesgo que las acciones porque está más diversificado. Al haber un mayor número de empresas, es más complicado que todas tengan un comportamiento negativo al mismo tiempo.

Con respecto a la liquidez, podrás trasformar tu fondo en dinero en un plazo de 24 horas.

Alta rentabilidad y bajo riesgo

Un activo que suele ofrecer una rentabilidad adecuada a la vez que poco riesgo son los inmuebles. A menos que suceda una crisis inmobiliaria como la que hemos sufrido en los últimos años, los inmuebles ofrecen una rentabilidad atractiva. Además, los inmuebles suelen crecer al ritmo al que crece la inflación, en torno a un 2% anual.

El inconveniente es que no son muy líquidos, ya que no siempre vas a tener a alguien que te quiera alquilar o comprar el inmueble. Todo dependerá, claro está, de la demanda que haya sobre ese inmueble.

Es decir, de la localización, infraestructuras cercanas, disposición, metros cuadrados, año de construcción, mejoras… De todas las variables, la ubicación suele ser la más importante.

Como ves, no hay una inversión perfecta. A la hora de elegir en qué activo invertir, tendrás que tener estos tres conceptos en mente.

¿En qué invertir según el plazo?

La principal variable a tener en cuenta para invertir en un activo u otro es el plazo en que queramos recuperar nuestro dinero.

Según el plazo al que estés enfocado, deberás dar preferencia a una serie de características u otras. A continuación vemos las notas básicas:

Alta rentabilidad y liquidez, pero riesgo alto: largo plazo. No obstante, si estamos enfocados en el largo plazo, el riesgo se reduce, por lo que sería lo más cercano al «activo perfecto». Las acciones son la mejor inversión en este caso.

Alta rentabilidad y bajo riesgo, pero sin liquidez: cuando no tengas prisa. Como hemos visto en los inmuebles, la paciencia es la clave para conseguir el mejor precio.

Poco riesgo y alta liquidez, pero escasa rentabilidad: corto plazo. Si estás en un momento de querer acumular un colchón para futuros imprevistos, es mejor invertir en productos que ofrezcan bajo riesgo. Los depósitos son buenos para este objetivo. Pero una vez que tengas ese colchón cubierto, accede a otros instrumentos.

La Bolsa es el activo que ha ofrecido mayor rentabilidad a lo largo de los últimos 200 años, en torno a un 7% anual en términos reales. Es decir, descontando la inflación.

Es el activo que más se asemeja al activo ideal, ya que tiene una rentabilidad alta, es muy líquido, y ofrece un bajo riesgo siempre que nos encontremos en el largo plazo. En el corto plazo sí puede haber variaciones muy significativas.

Por ello, para inversiones a corto plazo, la Bolsa seguramente no sea un buen activo, aquí juega fundamentalmente la suerte. Pero a largo plazo es el activo ideal.

¿Cómo invertir en Bolsa?

Existen multitud de formas diferentes de invertir en bolsa, aunque las tres más comunes son:

Seleccionar acciones individuales por ti mismo.

Elegir un fondo de inversión activo, de modo que sea un profesional el que elija las acciones por ti. El inconveniente de este tipo de productos son las altas comisiones que suelen tener. Por ello, antes de decantarte por uno, echa un ojo a las comisiones de gestión y depósito.

Elegir un fondo indexado que replique un índice determinado. Estos suelen tener una comisión más baja que los fondos activos, ya que el proceso de inversión es más automático, y no tenemos que pagar a gestores que administren nuestro dinero.

A menos que seas un inversor sofisticado y te guste seleccionar tus propias acciones, te recomiendo que vayas por la última opción. Además, ofrecen una tributación más atractiva si no lo vendes hasta que te haga falta el dinero.

Incluso si te gusta el mundo de la inversión, mi recomendación para evitar el riesgo es que al menos el 50% de tu cartera lo ocupe un fondo indexado, y destines la otra parte a tus elecciones personales. De este modo, si fracasa tu opción, tu riesgo de pérdida no es tan grande.

Tu labor consiste en jugar con la rentabilidad y el riesgo, de modo que estés en una posición cómoda. Si inviertes a largo plazo, la liquidez es menos importante.

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