La gestión financiera según tu etapa vital

Los pasos para una buena gestión financiera que te permita conseguir tus objetivos son claros.

la gestión financiera es diferente según la etapa vital en la que te encuentres

Primero debes enfocarse en obtener ingresos, tantos como aquellos que te permitan tener el estilo de vida que tú quieres.

Una vez que tengas esas fuentes de ingresos, el siguiente paso es centrarse en reducir gastos, principalmente en aquellas partidas que son menos necesarias. La cuestión aquí no es reducir los gastos al máximo, sino reducir aquellos más inútiles.

Por último, con el ahorro generado, el objetivo es conseguir que ese dinero pueda generar una rentabilidad, a través de la inversión.

Es decir, los pasos son, por este orden: ingresos, ahorro e inversión. No debemos saltarnos ningún paso.

Si tenemos bajos ingresos, de nada nos servirá ahorrar, pues acumularemos muy poco dinero. Si ahorramos poco, por mucho que inviertas apenas podrás generar rendimientos.

Pero, ¿es este modelo igual para todas nuestras etapas vitales?

Sin ingresos no hacemos nada

Bien, como ya hemos dicho, el primer paso es generar más ingresos. Esto es algo de lo que no mucha gente habla, pues ya lo dan por supuesto.

De nada te sirve ahorrar e invertir si apenas dispones de dinero. Eso de que puedes empezar a invertir con apenas 1.000 euros puede estar bien para probar cosas y adquirir experiencia en el mundo de la inversión. Pero no te vas a hacer rico con ello.

A pesar de que el interés compuesto puede hacer magia, el aspecto más importante de la inversión es el capital aportado. Si no hay dinero, el interés compuesto no obrará milagros.

Es decir, que el primer paso es conseguir más ingresos. Si con los que tenemos actualmente no tenemos suficiente, tendremos que tratar de conseguir más.

El poco dinero que puedas ahorrar ahora, inviértelo en formación para poder conseguir un puesto de trabajo con más ingresos, o puedas crear un proyecto por ti mismo con un mayor conocimiento. Ponerse a ahorrar e invertir ahora es tontería.

¿Cómo actuar cuando somos jóvenes?

En nuestras primeras etapas en el mercado laboral, cuando seguramente tengamos sueldos insuficientes, lo importante es adquirir experiencia y aprender todo lo que podamos.

Debemos de ser una esponja, empaparnos de todo lo que podamos para poder aplicarlo en el futuro. Adquirir habilidades y conocimientos que nos puedan ser útiles para posteriores trabajos.

Pero no todo debe centrarse en aprender y sufrir.

No debemos de olvidar que solo tenemos una vida, y por ello, debemos de disfrutarla en todo momento. Si te da para ahorrar algo de dinero, lo mejor que puedes hacer ahora, a parte de invertir en formación, es gastarlo en cosas que te aporten felicidad.

Irte de bares con amigos, una escapada de vez en cuando, etc. Gasta en lo que te gusta, pero mantén el foco, piensa en el largo plazo.

cuando somos jóvenes, gasta tu dinero en aquello que te hace feliz

Ya habrá mejores momentos para poder ahorrar más. Si te marcas objetivos y luchas por ellos, al final llegarás.

Llegará un momento en que asciendas a un puesto superior en la empresa, o encuentres otro trabajo en el que valoren más tus habilidades.

Pero si no te esfuerzas en mejorar, jamás llegarás a este tipo de oportunidades.

Ya tengo ingresos suficientes

Si ya has llegado a una situación en la que tienes ingresos suficientes, lo primero es darte la enhorabuena. Ya has logrado el paso (al menos para mí) más difícil de todos.

Lo siguiente que debes hacer es empezar a recortar en gastos innecesarios.

Seguramente, si ya tenías algunos objetivos en mente, ya tendrás bastante optimizadas tus finanzas. De todos modos, echa un ojo por si hay algo más en lo que puedas recortar (que no reduzca tu calidad de vida más de lo que puedas soportar).

Algunos de esos gastos innecesarios pueden ser un coche nuevo, una casa más grande, la cuota del gimnasio, servicios de vídeo bajo demanda… Ya hemos visto muchos apartados en los que podemos ahorrar bastaste. Cada gasto innecesario cuenta.

Si tienes algún objetivo en mente, piensa que el sacrificio que hagas ahora es por el bien de cumplir con ese objetivo. Así, tomar estas decisiones son más fáciles.

¿Y qué hacer con ese ahorro generado?

Lo primero que debes hacer es generar un colchón de dinero para posibles futuros imprevistos. Un fondo que solo utilices para casos excepcionales.

Y cuando ya tengas ese colchón, ya puedes continuar al siguiente paso.

Último paso: invertir

El último paso de la gestión financiera es tratar de sacar un rendimiento a tus ahorros generados.

De nuevo, es importante diferenciar en qué etapa de vida te encuentras ahora mismo, pues ello determinará (o no) tu perfil de riesgo.

Existen casos para todos los gustos, pero en general, una persona relativamente joven es más propensa a asumir riesgos que una persona de más avanzada edad. Esto es así porque si una persona joven fracasa en sus inversiones, aún tiene un largo camino por delante para enmendarlo, pero una persona más mayor no tiene esta ventaja.

Por ello, es importante tratar de planificar tus finanzas lo antes posible, para tener la opción de acudir a inversiones más arriesgadas sin tener que comprometer tanto tu futuro.

Pero una cosa es acudir a inversiones más arriesgadas y otra a apostar por blanco o negro. Ninguna inversión es buena si los beneficios que podemos conseguir de ella son menores que los perjuicios que podemos tener. Tampoco es bueno jugarse nuestro dinero a una inversión que sea 50/50.

invertir no es apostar

Existen activos con riesgo, pero con una esperanza matemática positiva. Podemos invertir en este tipo de activos, pero teniendo en cuenta todos los escenarios futuros, y preferiblemente, con una pequeña exposición.

Para personas que se encuentren en una etapa de vida más avanzada, tampoco quiero decir que inviertan solo en depósitos y cuentas de ahorro. Pero su cartera de inversión tenderá a ser algo más conservadora, sin perder de vista buenas rentabilidades.

Último paso, esta vez de verdad: desinvertir

Podemos tener objetivos muy diferentes una persona u otra. Quizás una quiera comprarse una casa, otra jubilarse antes, o incluso pegarse un largo viaje por el mundo.

Sea cual sea el objetivo que tengamos, la inversión es la herramienta perfecta para llegar a esas metas más rápido.

Y una vez que lleguemos a las cifras pronosticadas, debemos de desinvertir.

Pero no es una tarea tan fácil como se pueda pensar. Al menos si lo quieres hacer desde un punto de vista fiscalmente óptimo.

Como ya sabes, las rentas obtenidas del ahorro tributan como parte del IRPF. A una cuota inferior que las rentas del trabajo, pero siguen siendo cuotas altas.

Por ello, a la hora de convertir tus inversiones en dinero, tendrás que pasar por caja. En función del activo en el que hayas invertido tendrás que actuar de una forma u otra.

Por ejemplo, si es un plan de pensiones, lo mejor es ir rescatando el dinero de forma progresiva, ya que al considerarse renta del trabajo, se aplica la progresividad del IRPF. Es decir, que cuanto más rescates, más tributarás porcentualmente.

E incluso si tienes un fondo de inversión, tampoco merece la pena que recuperes todo el dinero de golpe, a menos que lo necesites. Todo lo que no recuperes ahora te seguirá generando rendimientos en el futuro.

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