Impuestos: la residencia fiscal

Una vida minimalista consiste en disponer de nuestro dinero de forma sabia. Es decir, gastar en aquello que nos aporta algo, y eliminar gastos de cosas que no nos aportan nada.

Sin darnos cuenta, el gasto en impuestos supone una partida muy importante en nuestros gastos anuales totales.

Y si bien es cierto que ese dinero va destinado a sufragar unos servicios sociales de los que disfrutamos, muchos tenemos la percepción de que pagamos bastante más de lo que luego recibimos. Sobre todo aquellas personas que tienen unos ingresos más altos.

No vamos a entrar en cuestiones morales y éticas sobre si somos peores o mejores ciudadanos por pagar más o menos impuestos. Eso se lo dejamos a los tertulianos expertos en discusiones que no llevan a ningún lado.

Nuestro objetivo es determinar si tenemos alguna opción de reducir nuestra factura fiscal, pudiendo declarar nuestros ingresos en otro lugar.

impuestos: la residencia fiscal

Declarar ingresos fuera como personas físicas

La competencia fiscal entre Estados es buena, ya que atrae a las personas con mayores ingresos. Cuantos menores sean los impuestos que deban pagar las personas, más gente querrá declarar sus ingresos en ese país.

Para determinar la residencia fiscal de un sujeto, los Estados tienen firmados Convenios de Doble Imposición (CDI) entre ellos. Son tratados en los que se establecen los criterios para determinar si una persona debe pagar impuestos en un Estado o en otro.

Una persona solo tiene una residencia fiscal, aunque viva en varios sitios durante el año. Es decir, solo paga impuestos de la renta en un Estado, aunque viva en varios países.

A pesar de que hay un CDI por cada país, el contenido de estos suele ser el mismo, y es el recogido en el art. 9.1 de la Ley del IRPF.

Existen dos criterios para determinar la residencia fiscal de un sujeto:

  1. Que resida en ese país al menos la mitad del año, es decir, durante 183 días. Para probar esto, podemos hacernos valer de un contrato de alquiler, o de contratos de suministros que demuestren que la persona ha estado haciendo uso del agua, luz o Internet.
  2. Que radique en ese país su núcleo principal de intereses. Se suele utilizar como prueba de ello que el cónyuge e hijos a su cargo residan también en dicho país.

Por ello, si queremos pagar impuestos fuera de España, tendremos que pasar la mayoría de nuestro tiempo en otro país. Tanto nosotros como nuestro núcleo familiar más cercano.

Además, tendremos que probar que tenemos una residencia fiscal en otro Estado que no sea paraíso fiscal. Si es paraíso fiscal tendremos que seguir pagando renta en España los siguientes 4 años.

Sin residencia fiscal

¿Y qué pasa si no residimos más de 183 días en ningún Estado? Por ejemplo, que vivamos cuatro meses en España, otros cuatro meses en Francia y los restantes cuatro meses en Portugal.

En ese caso, tenemos la opción de no pagar impuestos personales por las rentas obtenidas. Veamos cuales son los pasos a seguir.

En primer lugar, tendremos que ver de dónde eramos residentes fiscales de forma previa. Si eramos residentes de España, el fisco español nos seguirá teniendo en cuenta como contribuyentes, hasta que no indiquemos lo contrario. Además, si todavía poseemos bienes en España, ello es prueba de que seguimos teniendo la residencia allí.

Por lo que si quieres dejar de ser residente fiscal en España, lo mejor que puedes hacer es enajenar los inmuebles que tengas, vender el coche o trasladarlo a otro país, etc.

Además, para dejar de ser residente fiscal en España, primero tendrás que demostrar que eres residente fiscal de otro país. Un país donde puedes obtener la residencia fiscal fácilmente es Chipre, pues con solo vivir dos meses allí te la conceden.

Una vez te desvincules de España, todo es más sencillo. Si no vives más de 183 días en ningún país, no eres residente fiscal de ningún país, por lo que no estarás obligado a pagar impuestos personales por las rentas obtenidas.

Este es un proceso largo que depende de cada caso, por lo que lo mejor que puedes hacer es contactar con un asesor fiscal que te ayude con los trámites.

Declarar ingresos fuera como personas jurídicas

Determinar la residencia fiscal de las personas jurídicas es más complicado, ya que hay muchas empresas que operan en varios países.

Para ver si una sociedad es residente fiscal en España, debemos de acudir al art. 8 de la Ley del Impuesto de Sociedades (LIS). Se establecen 3 criterios para determinar la residencia fiscal:

  1. Que la sociedad se hubiese constituido conforme a las leyes españolas
  2. Que la sociedad tenga su domicilio social en territorio español
  3. Que tenga su sede de dirección efectiva en España

Se puede utilizar cualquiera de los 3 criterios, son alternativos. Es decir, con que se cumpla solo uno de los 3 criterios mencionados, se deberá de pagar impuestos en España.

En el caso de que se cumpla uno de los criterios para un país y otro para otro, debemos de ver cuál es el que prevalece. Para ello, acudimos de nuevo a los CDI firmados entre los países, que suelen tener el mismo contenido.

El criterio preferente suele ser el lugar en el que se encuentre la dirección efectiva del negocio. Para ello, tendremos en cuenta aspectos como el lugar donde se reúna el Consejo de Administración o el lugar de residencia de los ejecutivos.

Esto ha generado grandes críticas en los medios. Se critica por ejemplo que algunas empresas tecnológicas que operan en España pagan menos impuestos de los que deberían. Esto se debe a que estas empresas tienen su sede efectiva en otros países, y pagan sus impuestos ahí.

Nuestro caso

En nuestro caso, si tenemos una sociedad y queremos tributar en otro país, tendremos que estar residiendo en ese país, pues el criterio que se sigue es la sede de dirección efectiva.

La excepción a esta regla es que los ingresos de la empresa procedan de clientes de diferentes países, y que España no sea el principal foco de esos ingresos.

En ese caso, sí podremos crear una sociedad en otro país. Aunque para tener una mayor seguridad, deberíamos de nombrar como gestor de la empresa a algún residente de ese país. Por ejemplo, si creamos una sociedad en Estonia, es bueno tener a alguien de allí como gestor, aunque sea solo sobre el papel.

De todos modos, si seguimos viviendo en España, los beneficios que cobremos de la empresa (ya sea en forma de dividendos o de sueldo) tendrán que tributar igualmente aquí.

Por lo tanto, no siempre es la mejor opción crear una empresa en otro país. Incluso por el mero hecho de ahorrarnos trámites, nos puede compensar seguir estando en España.

Conclusión: la residencia es el factor clave

En conclusión, tanto para personas físicas como si tenemos una sociedad, el lugar de residencia es clave. Si queremos pagar impuestos en otro país, tendremos que residir parte de nuestro año ahí. Entonces entran en juego otras variables como la calidad de vida, el clima, la comida, los vínculos familiares y de amigos, etc.

Tenemos la opción de no pagar impuestos personales si no vivimos más de 183 días en ningún país, aunque es un procedimiento que puede llevar unos cuantos años. Además, no podremos vivir en España de forma habitual.

La única excepción de poder tributar estando en España es que tengas una empresa y factures de clientes de varias partes del mundo, y que España no sea tu fuente de ingresos principal.

En ese caso, sí podrás inscribir tu empresa en otros países con impuestos más bajos, pero teniendo en cuenta que luego tendrás que tributar en España por las ganancias que recibas personalmente de la empresa.

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